viernes, 23 de diciembre de 2016

Rescate Nocturno


Rescate Nocturno
2016
100 x 70 cm.
Portaminas y carboncillo sobre papel

Así se hizo: Rescate nocturno


Esta obra es un relato de animales, donde se expresan emociones como la angustia, la desesperación, el peligro y la esperanza.


Antes de adentrarme en aspectos técnicos, voy a detallar en el material utilizado para quienes no estén familiarizados con mi método de producción artística.

-Material cubriente: Portaminas y carboncillo.
-Soporte: Papel de 100 x 70 cm.
-Otros materiales adicionales: Goma de borrar blanca,fijación en laca.

Como vemos en esta primera imagen, acostumbro a empezar en el centro del soporte, casi siempre en el lado derecho, sin embargo, en esta obra me dio por iniciar el trabajo en el lado izquierdo. Más o menos ya tenía un esquema mental del número de elementos a representar y su distribución. Al contrario que en otros trabajos de ejecución azarosa (Edén Onírico).


Voy completando la primera figura animal, inspirado en los murciélagos. He usado fotografías para orientarme en su estructura anatómica, articulaciones, y la forma de las alas.
Siempre inicio mis dibujos con trazos suaves, y poco a poco voy añadiendo trazos de mayor intensidad para ir dando volumen a la figura.


Voy representando aquí otras criaturas, de estética oscura, la araña de arriba encarna los aspectos del peligro y la amenaza, el murciélago principal representa la angustia y la desesperación, mientras que el murciélago que se observa volando, es el rescatador, quien ofrece la esperanza y el rescate. Con las arañas también he tenido documentación fotográfica, para tener ideas aproximadas sobre el número de articulaciones y posición de las patas. Sin embargo, como veremos en procesos posteriores, las especies arácnidas son de naturaleza ficticia, no hay una intención de imitar con exactitud especies reales. 
En esta primera araña, se ha jugado mucho con el sombreado, la araña y sus sombras proyectadas prácticamente se confunden, dando una mayor sensación de amenaza.  


En esta fase ya voy tanteando los elementos que conforman el paisaje. Opto por un paisaje de piedra, evitando cualquier representación vegetal, de este modo, el paisaje cobra una impresión más hostil, tanto para el murciélago protagonista como para el propio espectador. 
He colocado al fondo una gran piedra en vertical, no tiene  ningún significado en especial, salvo por la razón técnica de crear profundidad al dibujo y un modo de hacer contrapeso visual, con respecto al lado izquierdo del dibujo, que empieza a tener demasiados elementos representados. 


En esta etapa ya empiezo a tantear una composición de nubes, sólo un juego de tanteo, para ver cómo va quedando. 


Posteriormente decidí elaborar el resto de composición de nubes. más adelante volvería a incidir en ello, pero por ahora... la primera necesidad fue ver el papel más lleno, para ir intuyendo toda la parte inferior de la obra. Ya tenía una idea previa, pero... tenéis que creerme, traducirlo después a un dibujo práctico puede llevar a alteraciones. La obra es un proceso, una evolución constante y un proceso de aprendizaje. En mi caso, una idea inicial no es una fotografía estática que termino calcando a la perfección, sino el inicio de un camino con múltiples posibilidades y una aventura por ver a dónde me lleva.


Represento ahora a la segunda araña, completamente ficticia, es más, voy a añadirle unos prominentes colmillos para darle una mayor sensación de amenaza. Jugar con las desproporciones para ganar en expresividad es algo que me encanta hacer. 
A continuación voy a mostraros una serie de fotografías para que podamos ver con más detalle a nuestros protagonistas, creo que lo merecen.


He ido jugando con diferentes trazos para dar la sensación de que se trata de un animal peludo.


Detalle de la primera araña y del murciélago acorralado. 


Detalle del segundo murciélago.


Empiezo a diseñar el paisaje de piedra, me pareció interesante la ubicación de una pequeña charca de agua complementaria del paisaje. 


Detalle de la charca de agua y de la saliva de la segunda araña.


Como podemos observar, he ido encajando los elementos de mayor tamaño primero, y los elementos de menor tamaño después, para ir completando la obra como un puzzle, donde las piezas más pequeñas se colocan al final. La realidad está compuesta por elementos grandes, que percibimos primero, y de elementos pequeños, que se perciben mediante una observación más concienzuda. Esta es la verdadera intención de la obra que presento aquí, invitar a una observación que va desde lo general a lo más minucioso.  


En la parte del suelo, de carácter secano y pétreo, he ido jugando con diferentes tonalidades de grises y con tamaños de piedra, esta parte del trabajo me ha sido bien entretenido, pero realizado con absoluto placer, considero que me estaba dando un juego visual recurrente y acertado. 


En esta fase represento una tercera araña, con una representación más real y reconocible, una tarántula. Éste arácnido queda más expuesto a la observación que la primera araña que dibujé al principio, así que... le meto más trazos y detalles en comparación con los otros dos arácnidos. De animales ya voy bien surtido, ya tengo mi relato animal bien construido, con los personajes necesarios, y con las especies elegidas inicialmente.

  
Sólo queda ir rellenando las áreas en blanco del paisaje pétreo, e ir oscureciendo sombras y las zonas donde quiero realzar el volumen. Así que no me queda mucho más que decir, lo que queda... sólo puede ser explicado mediante la observación de las siguientes fotografías. 




Obra concluida.


Y para celebrar el trabajo, realizo la acostumbrada fotografía de familia, gracias por vuestra atención.

Abraham Moscardó

miércoles, 21 de diciembre de 2016

La Soledad del Peón


La Soledad del Peón
2016
130 x 195 cm.
Óleo sobre lienzo

Así se hizo: La Soledad del Peón


La Soledad del Peón, como el título de la obra indica, hace referencia al sentimiento de la soledad. El Peón que se muestra en el cuadro, siendo la única figura del ajedrez que está presente, está presente como personaje simbólico.
El Peón es la figura que tiene menos poder en el juego, tiene un rol muy limitado, pues sólo tiene la capacidad de mover una casilla por turno hacia adelante, o en diagonal, en caso de que tenga una víctima segura a la que abatir. Por tanto, es la pieza más limitada y el que menos poder tiene. Pero en el cuadro se presenta un Peón que ha dejado las normas del juego, ha abandonado el tablero de ajedrez, que en la obra el tablero se muestra envejecido y con roturas. Es entonces cuando el Peón puede avanzar a su manera, fuera del tablero, y descubrir nuevos espacios y paisajes fuera del entorno bicolor que presenta el ajedrez. 

Cuando el Peón sale del tablero, se encuentra con un paisaje natural y a la vez desértico, aunque ofrece más color y oportunidades de descubrimiento que un simple de ajedrez. El Peón ha abandonado su juego, que simboliza las normas inquebrantables de su sociedad, sin embargo, el paisaje desértico transmite un sentimiento de soledad. ¿Acaso la liberación de las normas sociales, y de las tradiciones, no nos dan más libertad?
En efecto la sensación de libertad es mayor, pero hay un precio que pagar por ello, y es la soledad. Este hecho es una realidad universal que puede observarse en cualquier sociedad cultural, y en cualquier contexto histórico. Cualquier individuo puede ir a contracorriente con respecto a sus contemporáneos, como no creerse el rol que le asigna la sociedad, ponerse el reto de ponerse horizontes que nadie haya podido imaginas, no contaminarse de las modas del momento, rechazar las conductas estereotipadas, y no ser esclavo de aquello que la sociedad espera que hagas. Considerando todas estas contracorrientes sociales, uno queda limpio y abierto para las nuevas experiencias, se abandona el tablero de juego del que se está acostumbrado, dejando atrás el confort y la comodidad de lo conocido por el descubrimiento. Pero con este abandono de los estereotipos mentales y sociales, se puede caer en el riesgo de llevarte a la más absoluta soledad, a la incomprensión, y a la marginación de tus semejantes.

En cierto modo, todos somos Peones de una sociedad con sus limitaciones, que además nos imponen un rol, que necesariamente no tiene por qué coincidir con nuestro "yo ideal".



Se acabó la introducción teórica sobre la obra, ahora voy a proceder a compartir las reflexiones personales a cuanto el ejercicio creativo se refiere.
Al principio, frente al lienzo blanco, iba a desarrollar una obra abstracta, cuya realización se basaría en la improvisación y en el automatismo. Una obra cuya creatividad consistiría en el dejarte llevar por las rápidas manchas de color diluido, sin el uso de bocetos e ideas previas. El cuadro se convertiría en una pintura de acción, sin embargo, tras abordar la primera sesión de trabajo, la obra estaba evolucionando hacia otra cosa, me daba pistas hacia dónde se dirigía el cuadro, pues claramente, e inconscientemente, se estaba encaminando hacia otro género pictórico. Lo que iba a ser una obra abstracta basada en la acción, fue dando forma hacia un paisaje, así lo fueron desvelando las primeras manchas de color.


El esbozo de la primera sesión de trabajo, fueron unas manchas rápidas de acrílico diluido, y en esta segunda sesión de trabajo, cambio de medio pictórico y me adentro en la mancha con óleo.


La elaboración de un paisaje exige mayor concentración y un trabajo pictórico intelectual más concienzudo, así que se descarta, desde la segunda sesión de trabajo, la pintura improvisada y de acción. El trabajo se volvió hacia un ejercicio meditativo, debía ser cuidadoso y selecto a la hora de distribuir las manchas de color, tonalidades, sombras y profundidad. Sin embargo, en las primeras fases de trabajo me limité a hacer una clara diferenciación cromática de la tierra y el cielo, procurando entre ambos un horizonte que debía invitar la mirada hacia el infinito.


Más o menos iba quedando así... ya voy visualizando lo que quiero crear.


Detallo primero el espacio del cielo, procurando representar el avance de la noche, tonos de azul saturados de negro en la parte superior, y tonos de azul más saturados de blanco en la parte inferior del cielo, creando así profundidad en la obra. Las nubes se han resuelto con pequeñas pinceladas de color en una gama de grises, entremezclándolas con pinceladas de pintura blanca, para dar a las nubes un efecto de volumen. Se ha procurado que las nubes estén dispuestas de tal modo que también refuercen esa sensación de profundidad, las nubes más voluminosas en la parte superior del cielo, y las nubes de menor tamaño en las zonas de menor altura.


Empiezo a tantear el conjunto cromático que definirá el paisaje de la tierra, en ese momento tengo entre mis manos, observando con interés didáctico, un libro donde se ilustra el cuadro Poesía de América-los atletas cósmicos, del artista Salvador Dalí. Su obra me serviría de modelo cromático, el conjunto cromático que exhibe su obra me pareció muy atractivo, y de una visualización que invitaba a la calidez. Esas mismas sensaciones quise que se transmitieran para La Soledad del Peón.


Mientras definía los colores ocres y amarillos de la superficie de la tierra, me vino a la mente un primer concepto que contendría la obra, estaba pintando un paisaje, si bien era un paisaje inventado, que no alude a ningún espacio real, tal paisaje estaba conteniendo sensaciones características de lo desértico y lo desolado. Así que la primera emoción que estaba asomando en la obra, era el de una profunda soledad.

   
El avance del cuadro se estaba desarrollando con mucha lentitud, el cuadro tiene una superficie de 195 x 130 cm. y los pinceles que se utilizaron no eran muy anchos, ni cubrían mucha superficie, el pincel de mayor tamaño era un número 10.
La elección de pinceles pequeños se debía al interés de que todos los elementos del cuadro tuviera un acabado perfilado y preciso. 
Desarrollé algunas ideas clave para que la observación del paisaje invitara a la relajación, por supuesto estaba la apariencia del color, con colores cálidos que invitasen a la calma y al placer interior. Pero también jugué con una "representación redondeada", es decir, todos los contornos donde se sitúa el lago, las rocas, las orillas, y las alineaciones montañosas, se perfilaron con terminaciones redondeadas, de este modo, el paisaje reflejaría una suavidad visual que igualmente invitaría al placer.


Cuando la superficie de tierra estuvo prácticamente terminada, me centré en pintar el lago, la elección de colores debería ser similar a la del cielo, utilizando el mismo Azul Cyan, pero añadiendo el color "Verde Pizarro Oscuro", del que también se sirvió la zona de la tierra, el lago y el cielo quedarían unidos y en armonía mediante la percepción visual. 


Bien... seguimos pintando el lago...


... termino de pintar la tierra, cubriendo la última superficie que había dejado sin pintar, en el lado inferior derecho.


¿Conocéis esa sensación de nostalgia que nos invade mientras tomamos una taza de té? Todo se vuelve en blanco y negro mientras regresan los recuerdos. En cierto modo, de alguna manera, realizar este cuadro me está llevando a un examen de introspección.


Paisaje terminado, pero no os vayáis... aún tengo que colocar a nuestro solitario protagonista, El Peón.


Antes de pintar en el cuadro los elementos que compondrán la soledad, decido deleitarme con las vistas del paisaje. He acertado con la composición cromática, así que sin prisas... este momento es digno de disfrutarlo. 


Lado derecho de la parte inferior, tanteo a carboncillo las formas de un árbol seco, y un tablero de ajedrez en ruinas. 


Hago una primera mano de pintura en el árbol, para ver qué colores son los idóneos, espero que sean bien parecidos al de las montañas del fondo, así la obra cobraría uniformidad. 


Me alejo para ver como quedaría la composición en su conjunto... ¿Bien, no?


Es hora de darle color al ajedrez en ruinas.


Me alejo de nuevo para ver otra vez todo el conjunto de la obra, pero... no me termina de convencer mucho, el tablero de ajedrez está compuesto por cuadros blancos y negros, hasta ahí perfecto, sin embargo... visualmente se distancia mucho del resto de la composición cromática de la obra. Hay que hacer algo...


Y decido añadir al tablero un poco de ocre y amarillo, de este modo siento que el tablero de ajedrez pertenece al entorno del paisaje. Ahora está más integrado.


Llegó el momento de representar al Peón en la obra, lo cojo entre mis dedos, para hacerme una idea más precisa de su apariencia física. Bien... de memoria todos visualizamos la figura del peón, pero... siempre es mejor asegurarse. 


Aquí está El Peón, nuestro protagonista. 

El Peón es la figura que refuerza el sentimiento de la soledad, tiene la función de representar un anónimo personaje, que podría ser cualquiera de nosotros. El Peón es el símbolo del rol adquirido de unas reglas tradicionales, que al abandonar su entorno habitual, quedaría libre para tener otras oportunidades de exploración, aprendizaje y crecimiento individual. El tablero de ajedrez simboliza la sociedad a la que pertenece el Peón, su entorno, las costumbres y tradiciones inamovibles para aquellos que prefieren el confort de la "normalidad". Mientras que el árbol seco representa la carencia de vida y novedad, de una sociedad remarcada por el costumbrismo social y cultural.
Me he permitido colocar bajo el árbol una sola piedra, que simboliza el peso social, aquello que nos ata para seguir con los mismos patrones socioculturales. 
Como se puede apreciar, El Peón ya está fuera del tablero del ajedrez, y listo para adentrarse en lo desconocido. Esta voluntaria "exclusión social" que presenta El Peón, da entrada a otro sentimiento, la "Libertad". Sin embargo, esta libertad puede tener un alto precio, la incomprensión, el rechazo, o la marginación de sus semejantes. Un riesgo que siempre hay que tomar.


Aquí os dejo con la obra terminada, que la disfrutéis.


Y como no... hay que celebrar el trabajo artístico con una foto de familia. Muchas gracias por la atención.

Abraham Moscardó

martes, 20 de diciembre de 2016

El funeral del bosque





El funeral del bosque
2016
H. 35 x A. 42 x PR. 190 cm.
Instalación

Instalación simbólica realizada para la Facultad de Bellas Artes de Espinardo, Universidad de Murcia, asignatura de Nuevas Tendencias de los Materiales en la Práctica Escultórica. Curso Académico 2015-2016.
La obra fue exhibida en el propio taller de Abraham M., esta obra de "Arte Activista" plantea una denuncia para concienciar a la sociedad sobre la disminución y muerte de los bosques. 
Ya es sabido que la disminución de los bosques de las últimas décadas se debe al avance urbanístico. Sin embargo, en el 2016, año en que se concibió esta obra, la preocupación principal de la disminución de los bosques en la Comunidad Valenciana fue bien distinta. No se trataba del avance urbanístico, sino de la expansión del "Tomicus Destruens". Un insecto perforador de madera, cuya reproducción numerosa oscila entre los 60 a 200 huevos por puesta, siendo mayor el número de puestas en temporadas de sequía, teniendo así una alta capacidad invasiva.
Este insecto se introduce en el interior de los árboles, cortando las vías del agua y de la sabia, produciendo así la muerte del árbol afectado, las especies de árbol más sensibles por la infección de este insecto son los de la clase pino.   
En los años 2015-2016 hubo una gran expansión del insecto que afectaron a varios municipios de Alicante, especialmente en la Vega Baja, siendo los más afectados las poblaciones de Redován, Callosa de Segura y Orihuela.
Esta obra tuvo la función de concienciar, y ofrecer una reflexión, sobre la importancia del factor humano en el cuidado y conservación de los bosques.

La pieza estuvo expuesta durante una semana, y posteriormente fue sometida a evaluación del profesorado de Bellas Artes. Las fotografías que se muestran aquí, son el único testimonio que queda sobre la obra. 


Detalle de la instalación